UNE NEIGE FINE VENAIT DE TOMBER.
UNA NIEVE FINA ACABA DE CAER.
(novela – 271 páginas)
París en 1948
Somos en invierno 1948, en París. Seguimos la vida de un grupo de amigos, estudiantes en ciencias y en letras, en primer año de universidad.
El primer interés del libro es de bosquejar un cuadro cautivador del Quartier latin y de la Sorbonne de entonces.
Turbulentos y burlones, ávidos de saber, excitados de preguntas, de bromas y de amistades, los estudiantes se refugian en habituados en el calor del café, en medio del humo de los cigarrillos y de los vapores de café.
Pero el "Quartier" es no más que el núcleo central de la descubierta de París, asunto verdadero de la novela. Aprende que cado barrio había su vida particular y se yuxtaponía a los otros como otros tantos pueblos donde se sienta en su casa, en familia y al abrigo del mundo exterior. Se conoceba, se saludaba, se hablaba, se ayudaba. Los barrios pululaban de ofícielos, de artesanos y de usos insólitos hoy desaparecidos. Hablaba de corrido el argot, tan verde y tan florecido.
Esos barrios sorprenden por su originalidad y su seducción.¡Seguro, París es ante todo las calles y la multitud, las imponentes hileras de casas macizas, los monumentos suntuosos, los grandes almacenes, las innumerables distracciones, los museos, los teatros, los cines, la Torre Eiffel! Pero es también squares y parques donde hace bueno pasearse con calma, rincones de campo escondidos, la feria à Pasteur, los estudios de artistas, el funicular...
Se extraña sobre todo de ver que lugares, hoy fríos y convencionales, estaban animados de una vida intensa y sabrosa. Se saltaba alegremente en el autobús en campaña o conversaba en el andén del metro. Se lanzaban comentarios y burlas a los personajes de la película en el cine. Se instalaban su caballete al museo del Louvre para copiar los cuadros de los grandes pintores. Se paseaba tranquilamente la noche y costeaba con simpatía vagabundos que vivían sobre los muelles de la Seine. Iba rebuscar algunos tesoros en los traperos de las Puces. Se hacían sus compras en vendedores afables y vivos.
Tanto la vida parisina estaba brillante y cargada de historia, tanto la vida en provincias parecía pobre y tosca. ¡Es por lo menos la opinión de los Parisinos, que pregonan un gran desprecio para los "poblachos" que no habían la felicidad de ser la Capital!
Dryade, que es de Annecy, en Saboya, es aceptada con benevolencia por sus amigos de la Sorbonne. El héroe, que no es Parisino más que de adopción, le ha hecho descubrir París. Un idilio se ha trabado entre ellos, y Dryade lo ha invitado en su familia en Saboya por las vacaciones. Esa estancia será para el héroe la oportunidad de profundo cuestionamiento.
El héroe se da cuenta de repente que la vida existe fuera de París, que se encuentran ahí cosas y una vida maravillosas y ignoradas de los Parisinos. Se da cuente que París se apodera como de lo que es debido de las riquezas de las provincias y las oprime hacia prohibirle hablar su lenguaje. Ahora bien, la Saboya no estaba francesa más que desde cien años, y los Annecianos miran menos hacia París que hacia Ginebra muy cercana.
Seguro, en Saboya, no es como en París. No hay comodidad ; la comida es frugal y monótona, y la vida es arreglada sobre el ritmo de las vacas y de la naturaleza. Esta vida difícil ha alejado los habitantes de las futilidades y los ha hechos laboriosos, prudentes y adictos a los bienes difícilmente adquiridos. Y sin embargo... ¡Cómo la naturaleza es hermosa y magnifica! ¡Cómo las cosas simples son tranquilizantes y armoniosas! ¡Cómo los Saboyanos son serios y sólidos! ¡Cómo los compañeros de Dryade acogen calurosamente él que niega de despreciar los provincialitos y su dialecto! ¡Cuántos conversaciones y paseos en bicicleta en la montaña alrededor del lago de Annecy!
Y para acabar, una estancilla de los dos héroes en la región de Ginebra, con sus montes apretados y sus prados verdosos, las verduras del hortelano, y el agua clara de la fuente. Aquí vive la abuela de Dryade. Y sobre todo la extraordinaria prima de Dryade, una moza tímida y miserable, perdida en la montaña, estenuandose en la nieve en invierno para ir a la escuela, apresurada de vivir y de conocer, que ve tan malo con sus ojos y tan bien con su corazón. Desde ahora, su interrogación ha vuelto también la nuestra : ¿hay alguna cosa detrás de la cresta, donde el cielo se interrumpe?
El corazón de los dos héroes se quedará en Saboya, pero la razón los retendrá en París.